martes, 5 de enero de 2010

La piedra rosada.

Los geólogos no identificaron la piedra rosada reluciente y esplendorosa , que tenía cubos perfectos en el interior, haciendo une cenefa tridimensional propia de un bordado.

Así que la llevaron al laboratorio. A los pocos días ya habían clasificado la piedra como un nuevo elemento, una nueva roca, un nueva revolución en el mundo científico, en el mundo químico, en el mundo físico, de la medicina y del mundo en general.

Los médicos la identificaron como la piedra de la cura, la emplearon para pócimas y vacunas, inventos para enfermedades y males de todo tipo. La identificaron como el anti veneno definitivo, como la medicina general, un remedio mundial.

Los geólogos la vieron rica y cara, demasiado bonita para joyas y demasiado preciosa para machacarla y destrozarlo.

Los fetiches de la cocina la tomaron como el aliño sensual que despertaba las papilas de ese letargo postergado por tantos inventos insípidos y locos, con sublimación de tonterías y salsas sosas. Era el ingrediente que hacía de todo un mundo, un orgasmo, un despertar de la felicidad, de la ambición y de la alegría, que hacía del mundo un lugar brillante, que quemaba la oscuridad con un chasquido de los dedos. Era clasificado como el condimento del alma, la chispa de la vida, alucinante, magistral, deslavazaba las tristezas entre los demás ingredientes para que el comensal los engullese y se olvidase de ellos.

La piedra fue encontrada en las montañas, pero tras su estudio, se encontró bajo el suelo de la ciudad, se halló en la raíz del césped, en los picos con nieve y hasta en el desierto de Almería. Estaba en todos lados. Todo el mundo quería comercializarla, pero no sabían cómo, porque era darle una patada a una piedra y aparecía, la humanidad entera tenía acceso al bien perfecto.

No se habían dado cuenta de que habían encontrado la cuna de la felicidad.

Para Blanqui, que espero que encuentre su cuna de la felicidad en todas las piedras.


*Mapi* 5 de Enero de 2010

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